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miércoles, 8 de enero de 2014

La CNMV prohíbe a los bancos incentivar con retribuciones variables la venta de determinados productos financieros

Por fin la CNMV ha puesto remedio a uno de los grandes males que la crisis ha puesto al descubierto, las remuneraciones variables en la banca por la colocación de determinados productos a los clientes, en mi opinión, una de las prácticas más perjudiciales que ha habido.

Ligar un jugoso ingreso a corto plazo en forma de bonus o retribución variable, aún a costa de cargarse el interés del cliente o la adecuación del producto al perfil de riesgo, ha sido un auténtico suicidio. Cuando el bolsillo suena, la moral y los códigos éticos se relajan, cuando no se arrinconan descaradamente.

Agresivas campañas publicitarias, escasa formación, e incentivos monetarios, han empujado a más de uno a colocar indiscriminadamente determinados productos, y ahora vemos las consecuencias. No me cabe la duda de que la CNMV, aunque tarde, ha obrado con sentido común en este asunto.

Más información: 

lunes, 10 de junio de 2013

La desgracia de haber trabajado en Bankia

El pasado viernes os hacía referencia a un artículo aparecido en la edición digital del diario El Mundo en que se describía la difícil realidad que viven muchos empleados de Bankia. Antes de leerlo ya andaba dándole vueltas a este asunto, y no por un falso corporativismo, sino porque las noticias de agresiones aparecidas la semana pasada habían colocado a este colectivo en el ojo del huracán.

Hasta ahora toda la atención se había centrado en los preferentistas y en los dramas que han supuesto las cuantiosas pérdidas que han sufrido tras las quitas impuestas y su posterior conversión en acciones. En un segundo plano han quedado los accionistas que acudieron a la OPV, sin duda los más afectados por las pérdidas, que podemos considerar del 100% del patrimonio invertido. Y por último, casi jugando exclusivamente el papel de malos de la película, los empleados de Bankia.

Sin embargo este último grupo aúna en muchos casos la triple condición de accionista, preferentista y empleado. Su situación es realmente muy complicada, por no decir insostenible. Ya sé que lo que nos pide el cuerpo es cargar todas las culpas sobre ellos, pero la verdad es que no me parece justo.

Podemos preguntarnos qué hubiese pasado de encontrarnos en su situación, posiblemente con una clara falta de formación financiera (aquí el empleador tiene mucho que decir), presionados por unos jefes que pedían cumplir objetivos a cualquier precio, y creo que incapaces  ni tan siquiera de contemplar la posibilidad de que su entidad quebrara.

Cierto es que si en el caso de los preferentistas no hay que generalizar, en el caso de los empleados tampoco. No todos serán unos "inocentes" que han acabado pagando los platos rotos, pero es de suponer que tiene que haber auténticos dramas familiares. ¿Con qué cara te presentas ante la familia después de haberles vendido con buena intención supongo, unos productos que les han llevado a perder casi todo lo invertido?

Quien no haya gestionado nunca dinero ajeno no puede suponer siquiera lo que es algo así. Los que tenemos experiencia en estos temas sabemos cuánto duelen las pérdidas de los demás, mucho más que las propias, os lo aseguro. Así que me pongo en la piel de estas personas y no quiero ni imaginarme su día a día.

Como decía antes, habrá de todo, y en algunos casos la nefasta política de bonus e incentivos por venta habrá hecho estragos, forzando la compra de productos claramente no aptos para determinados inversores. Pero recordad que todo esto pasó ya con la crisis de los bancos en pleno apogeo, Lehman quebrado y demás, y ni el Banco de España ni la CNMV dijeron nada malo sobre las preferentes, las aprobaron sin ningún problema. Para muchos, esto y una mal entendida fe en Bankia, les sirvió para contrarrestar las dudas que pudieran tener.

No quiero descargarles totalmente de culpa, ni mucho menos, como en la ley el desconocimiento no exime de culpa, pero sí hay que valorar que en algunos casos ellos mismos han sido engañados. Culpables sí, pero en muchos casos víctimas también, tengámoslo en cuenta.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Etica, productos financieros y retribución variable

Mucho se ha hablado a lo largo del presente año de productos como las participaciones preferentes y su colocación indiscriminada entre inversores particulares. Inversores que en algunos casos no cumplían en absoluto los requisitos que tales productos requieren.
No voy a analizar en este artículo el porqué se ha permitido, ni si todos las situaciones son iguales. Ya lo he dicho antes, en mi opinión ha habido colocación indebida en algunas casos pero, tal y como sucedió en el caso de Afinsa y Forum Filatélico, son muchos los que ahora alegan desconocimiento o engaño para encubrir lo que sido una operación financiera fallida.
En lo que me gustaría incidir ahora es en por qué ha sucedido, en las causas que han llevado a miles de ahorradores a perder dinero y salud por invertir en productos claramente contrarios a su perfil de riesgo.

1. La falta de formación financiera

Una primera razón hace referencia a la formación, tanto de inversores como de personal encargado de distribuir los productos. Es notorio que en España adolecemos de una falta de formación financiera evidente a nivel general, pero no es menos cierto que históricamente la capacitación de las redes comerciales de muchas entidades financieras no ha estado acorde a las necesidades de sus clientes. De ahí que no me sorprenda ver cómo empleados de banca se sientan a su vez engañados al comprobar en sus propias carnes y la de sus familiares o amigos, que esos productos tan "maravillosos" que tenían que ofrecer no lo eran tanto. En este sentido es necesario que cualquier inversor exija que quien le atienda tenga la adecuada capacitación profesional.

2.Prácticas abusivas en la colocación de los productos

En segundo lugar, he usado en el párrafo anterior la expresión " tenía que ofrecer" cuando en puridad debería haber dicho "estaba obligado a colocar como sea". Puede sonar un poco fuerte, pero es la realidad de muchas entidades financieras que fuerzan a colocar entre sus clientes un determinado volumen de productos, tal y como sucedió con las preferentes, sin pararse a pensar si son buenos productos o el riesgo que tienen, únicamente importan los ratios de la entidad y las comisiones que generan

Evidentemente esta práctica, incluso desde el punto de vista de la entidad en absolutamente dañina a medio plazo, ya que la relación con el cliente se resentirá por este tipo de actuaciones, y tarde o temprano el cliente se marchará a otra entidad.

La responsabilidad de muchos dirigentes de entidades financieras en lo que está pasando es algo que no se puede obviar, ni por justicia social puede resultar impune. No es precisamente el empleado de la sucursal de nuestro barrio el que fija los productos a distribuir.

3. El bonus o retribución variable

Por último, si ya en el punto anterior la ética, tanto de directivos como de empleados, debería haber impedido buena parte de las abusivas prácticas que hemos conocido, ahora nos encontramos con otra variable que a buen seguro ha puesto a prueba, y vencido en numerosas ocasiones, las reticencias morales del más firme de los comerciales bancarios, el bonus o retribución variable.

No digo que sea en sí negativo, pero está claro que las comparativamente enormes comisiones que a nivel particular debía generar la colocación de determinados productos favorecía su venta de manera indiscriminada. Lo mismo podríamos decir de la concesión con dudosos criterios de todo tipo de préstamos que, a poco que la crisis apretara, devendrían inexorablemente en mora, tal y como lamentablemente ha sucedido.

Las consecuencias perversas que ha traído consigo el sistema de bonus en el ámbito financiero es algo que incluso el regulador debería considerar. No me cabe duda de que tanto la avaricia de inversores como la de los comercializadores ha originado este enorme desaguisado, y lo que es peor, las tremendas repercusiones sociales que ha tenido y sigue teniendo.

Si hace poco hablábamos de crisis de valores (ver la entrada Un poco de autocrítica sobre el origen de la crisis) en lo relativo a  la ética profesional en el mundo financiero, se deberían reconsiderar íntegramente las prácticas comerciales del sistema financiero, y por supuesto, depurar las responsabilidades de quienes las diseñaron, implementaron y exigieron

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los Bonus de Bankia no dejan de dar sorpresas

Si ya el tema de Bankia es en sí mismo un escándalo considerable, hay ciertas cuestiones que sobrepasan esa categoría y entran en terreno de lo paranormal.

Uno de los casos más sangrantes hace referencia a las devoluciones de los bonus de 2011 cobrados por un grupo de directivos. El hecho en sí de cobrar un premio por el ejercicio 2011 supone la madre de todas las contradicciones, ya que todos sabemos como fue la entidad, lo que perdió, y lo que nos va a costar a todos evitar su quiebra.

Afortunadamente, y en un acto de cordura y justicia, el actual responsable de la entidad, el señor Goirigolzarri, decidió imponer la devolución de esas cantidades. Estamos hablando de unos 90.000 euros de media por titular, tal y como se informa en la noticia publicada por el El Economista:  Bankia concederá facilidades a sus 72 directivos para devolver el bonus. Efectivamente, no es pecata minuta pero no deja de ser un 30% del sueldo íntegro de los directivos, cifrado en unos 300.000 euros de media.

Desafortunadamente, lo que podría haber sido una decisión responsable y que ayudara a lavar mínimamente la imagen de la entidad, se ha convertido en algo totalmente rocambolesco, cuando no indignante. El detonante ha sido la publicación de que Bankia facilitará la devolución del bonus ofreciendo plazos cómodos, créditos blandos y demás.

Sin entrar en el agravio que puedan sentir quienes no cuentan con esas facilidades para hacer frente a sus pagos, no deja de ser increible que personas con ese sueldo no sean capaces de pagar 90.000 euros de un golpe,  menudos ejemplos de ahorradores para sus clientes.

Hay quien me comenta que seguramente invirtieron todo el bonus en preferentes y en acciones de Bankia, y que ahora no pueden venderlas. Menos mal que la ironía le delata y su buen juicio permanece inalterado,  porque creo que nada más lejos de la realidad, más bien todo lo contrario.

En fin veremos cómo acaba este asunto, porque seguro que dará de qué hablar, e imagino que no bien precisamente.