lunes, 11 de abril de 2016

Los mercados por el retrovisor: marzo 2016

tablero electrónico de la Bolsa de Tokio visto por un retrovisor

Tristes armas si no son las palabras


Mario Draghi debe estar acordándose de las palabras del poeta Miguel Hernández cuando en la última reunión del Banco Central Europeo abandonó la retórica para pasar a la acción. Lejos quedaban los días en los que bastó decir aquello de Haré lo que haya que hacer, y créanme, será suficiente, para acabar con la espiral que amenazaba con elevar las primas de riesgo de la eurozona a un punto de no retorno.

Los mercados exigen estímulos monetarios

Algo más de tres años después, con la amenaza de una nueva recesión cerniéndose sobre las economías europeas, los mercados no se conforman con meras declaraciones de intenciones, sino que exigen periódicamente su dosis de estímulos monetarios. En esta ocasión, tras la decepción de diciembre, la expectación era máxima, y la verdad es que Mario Draghi no defraudó. Las medidas tomadas (rebaja de las facilidades de depósitos, ampliación del QE, compra de deuda corporativa, nuevas TLTRO…) dejan bien a las claras el compromiso del BCE en su lucha contra la deflación.

Sin embargo, lo sucedido en los mercados desde el 10 de marzo es fiel reflejo de la complejidad del entorno económico en el que vivimos y lo excepcional de las condiciones actuales. Tanto, que se desconocen los efectos a largo plazo de las políticas aplicadas e incluso la efectividad de las mismas a corto plazo. Es normal preguntarse hasta qué punto es lógico que, en unas economías fuertemente endeudadas, favorecer el crédito sea la solución al problema, y no una nueva patada hacia adelante. O si los tipos negativos, lejos de propiciar el aumento del consumo, suponen una nueva amenaza para la estabilidad del sistema financiero, causando aumentos artificiales y desordenados en los precios de algunos activos.

Personalmente creo que el desapalancamiento gradual es imprescindible para reconducir la situación, y que la inflación solo puede venir por un aumento de los salarios, que estimule el consumo y la inversión. Sin esto, la propensión al consumo no va a aumentar por mucho que los tipos se pongan en negativo, o aumente la masa monetaria. Quizá por esto los mercados, tras los vaivenes iniciales, hayan vivido un mes de continuos altibajos, donde la euforia inicial ha dejado paso al escepticismo y a la confusión.

La FED se une a la ceremonia de confusión

A ello ha contribuido el gallinero en que se ha convertido el otro gran actor en el escenario actual, la Reserva Federal norteamericana. Durante todo el mes cada uno de los miembros de la FED ha realizado multitud de declaraciones, expresando su opinión particular sobre los futuros movimientos en los tipos de interés, en muchas ocasiones en abierta contradicción con el mensaje “oficial” de su presidenta, Janet Yellen.

Con todo, los inversores han vuelto a refugiarse en los bonos de alta calidad, llevando los tipos de interés a terreno negativo en buena parte de la curva, y acercando el bono a 10 años alemán de nuevo a la frontera de cero por ciento.

Bolsas y materias primas han vuelto a vivir fuertes presiones bajistas, mientras está cada vez más claro que el dólar lo va a tener difícil para acercarse de nuevo a la zona de 1.05 en su cruce contra el euro.

En cuanto a nuestro posicionamiento actual, no hemos variado nuestra apuesta por la reducción de la volatilidad y la descorrelación con los mercados, evitando continuos ajustes en las carteras, al son de unos mercados que van a seguir inmersos en una acusada incertidumbre. A nivel doméstico el agravante añadido que supone la falta de gobierno transcurridos más de cuatro meses desde las elecciones, apoya nuestra idea de mantenernos alejados en lo posible del mercado doméstico.

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